Una sorpresa

Me he rendido. Estoy derrotado y lo acepto. Por ello te dejo hija de la gran puta. Sí, damas y caballeros; he hecho el juramento que hace al hombre hombre y a la mujer mujer: mates, hasta aquí hemos llegado.

Mi historial de terrorista matemático no es para poco: desde afirmar que 1 elevado a 5 son 5 a que 8 por 3, 72. Así que me he cambiado al bachiller artístico: Funds. Arte I y (no y/o por desgracia) II. Como soy músico solo tengo que hacer 1 troncal específica. Y menudo mundo se me ha abierto. Me cogió el profesor maravilloso y me dijo: ven pacá que te voy a explicar cómo funciona esto. Después de explicarme el complejo sistema matemágico de evaluación y de decirme que llego tarde para hacer los trabajos en 1 semana de curso que queda pero que si quiero, puedo (que debe ser el lema de los profesores de todo el mundo el “si quieres, puedes”) sacarme las 2 asignaturas este curso y que yo le preguntara cómo era la magnitud de su excel, hice la gran pregunta:

¿Y en fundamentos del Arte, no se da música?

Sonríe, tímidamente. Desde sus gafas me mira y me dice, con una sonrisa nerviosa: no. Le pregunto por qué. Y me responde que la Universidad de Valencia no aplica los conocimientos de examen cara a la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) y que prioriza centralizar en otras cosas en vez de en la música.

Un golpe helado. Pasados tantísimos años aún no nos hacen ni puto caso a nivel de educación ordinaria. De hecho, ¡a los deportistas de élite les quieren más que a nosotros! Ellos ni convalidan Educación Física: ellos tienen exención. Si es que ya me lo dijo un día una chica de mi instituto: “¿tú estudias música y convalidas economía? Pero si es un hobby”.

Mientras no haya una aceptación de que el estudio de la música es algo igual de serio que estudiar matemáticas (o una cosa que le encanta a mi comunidad autonómica: el título de Grau Mitja de VALENCIÀ) los músicos no pararemos de sentirnos marginados.

Y es verdad, estamos marginados en nuestros conservatorios apartados del resto de la comunidad educativa: solos y al rezo de que un día un político no se despierte con el pensamiento de que lo que yo y miles de personas más en mi comunidad hacemos no es algo más que un mero hobby como el que va los lunes a tocar la guitarra al grupo de los juniors de la Iglesia.

En fin, al menos no tengo mates.