Ayer, Hoy, Mañana

Ayer entraste y viste los primeros rayos del sol, dormiste.Hoy te despiertas. Es de noche. Te vistes, coges tu paquete de Camel y las llaves de casa. Sales. Vas donde siempre y aparece una sombra. La sombra de siempre. La sombra te tienta, te coacciona a hacer lo que no quieres; incluso te cosifica. Pero no te das cuenta, porque es una sombra amaestrando a tu león, amaestrándote para que no te cuestiones lo que dice, simplemente le haces caso porque debes hacerlo, y al matar a tu león, a tu quieres, ha hecho que te conviertas en un dragón, a tu debes; a obedecer. Saludas y camináis a un nuevo destino ya planificado por esa sombra. La sombra se desvanece al pasar junto a un grupo de cuatro hombres y a una cruz en el medio. Dicen cosas ininteligibles a tu oído y risas que resuenan en tu cabeza. Los has dejado de lado y ella ya está junto a ti, tu sombra. Te indica que entres ahí. Es oscuro, poco ancho y estrecho. En el callejón se oyen sollozos, lágrimas caer y un fuerte gemido final con el sonido de un gotear. Sales y te ves, a la que le gritaban eso aquellos cuatro hombres, lo que le harían en ese momento, a ella no, a su cuerpo. Se ve en el reflejo de un cristal a la luz de una farola encendida una mujer castaña de diecisiete años en la entrada a un callejón, con un cigarro en la boca mientras otra mano enciende una cerilla con el roce de su mejilla. Esa mano ya se presupone quién es. Es una sombra que se irá tan rápido como la vean con ella. Esa sombra la mujer lo llama de una forma especial; novio. Él, al acabar el cigarro, se desvanece como lo que siempre ha vendido; el humo. Pero hoy ha escuchado otro lloro. No está sola en esto.

Mañana entrarás y verás los primeros rayos del sol por la ventana otra vez. Cogerás el paquete de Camel y fumarás un cigarro, como alguna vez. Tirarás el humo por la ventana mirando el amanecer, como alguna vez, pero con la sutil diferencia de que mañana, como más que alguna vez, no llorarás. Mañana estarás contenta, como estuviste alguna vez.Sonreirás como alguna vez en mucho tiempo y harás, como alguna vez hiciste hace mucho, lo que quieres, no lo que debes. El camello de tu aturdimiento hará que tu león ruja reclamando a lo que fuiste alguna vez, matando a tu dragón. Saldrás al balcón y, mientras caes al vacío te darás cuenta de que ahora que estás a punto de estar más triste que nunca, cuando eras una niña, serás alguna vez feliz.

Abres los ojos. El goteo suena mientras impregna tu vientre. La semilla es fuerte, como cada día. Te levantas de la cama para tu próxima sombra.