El Lamento de Dido (H. Purcell)

El Aria de Dido de la ópera inglesa Dido y Eneas es uno de los dos grandes lamentos del barroco (el aria de Arianna de Monteverdi y el de Dido de Purcell)

Purcell nos ofrece una maravillosa visión de la tristeza comenzando con un bajo ostinato en una sucesión de semitonos descendente; una caída de semitonos que transmite solemnidad, pena y un avance imparable de dolor; tratando de representar la muerte. Este bajo repetitivo se repite un total de 9 veces mientras una voz femenina (en la época barroca sería una voz masculina castrada) recita el lamento de Dido por Eneas al no poder estar con él entrando ésta en la segunda repetición del bajo y acabando en la octava; de forma que el bajo empieza y acaba solo.

Dice la letra:

  • When I am laid, am laid in earth, may my wrongs create no trouble,
  • no trouble in thy breast; (x2)
  • Remember me, remember me, but ah! forget my fate. (x2)
  • Remember me, but ah! forget my fate. (x2)

De forma que el bajo y empieza solo, ¿tal vez sea la soledad de los pensamiento de Dido por Eleas? Además, cuando aparece la palabra trouble se crea un intervalo melódico de 5.ª justa creando aún más tensión; armonías propias del renacimiento rememorando la vieja modalidad (ars nova). Purcell era un genio, de una letra no muy original creó uno de los grandes lamentos del barroco.

Purcell fue el último gran compositor inglés. Incluso, el único gran compositor inglés me atrevería a decir. La ópera, como todo arte, fue usado en la política con objetivo de divinizar al gobernante y esta ópera se escribe en un periodo posterior a la Guerra Civil inglesa y aún más posterior a la República de Cromwell y más allá de la restauración de la Monarquía Inglesa. Se escribe en un periodo en que ha vuelto una monarquía la cual fue exiliada y cuyo monarca anterior le fue cortada la cabeza (sí, fueron los ingleses los primeros que le cortaron la cabeza a su rey, no los franceses) y cuyo nuevo era querido. Por lástima, al nuevo monarca no le interesaba la ópera como medio de control de la política de la población. Y, ¿para qué engañarnos? A los ingleses tampoco le gustaban las óperas. Les gustarán los oratorios ingleses implantados por un alemán llamado Händel (¿te suena?).

Qué triste pena que Purcell no enseñara a alguien que le recogiera su testigo. Tal vez era un hombre modesto de verdad, de los que no se creían que serían tan importantes como para que lo estudien pasados 500 años como yo y que todo lo que hacía no valía nada; que jamás sería en Inglaterra lo que fue Lully en Francia. Estaba equivocado. Fue el último gran compositor inglés (al menos, del género clásico). Que la obra que sea más conocida suya sea un lamento es hasta irónico; el lamento del mismo Purcell por ver que su obra de la música nacional inglesa murió con él para que fuera un alemán quien le recogiera el testigo; Händel.