Dale al play

Tengo un profesor de análisis que es compositor. Es de los mejores profesores del superior: una auténtica joya. Y sí, también es un rayado de cojones (no quedaba otra; es un músico extraordinario).

Le gusta dar clases interesantísimas sobre cualquier tema menos el que le toca. Por ejemplo, nos tocaba analizar una fuga y le pasó el síndrome cura de mi pueblo: se vio 26 ojos mirándolo fijamente y se vino arriba. Nos empezó a contar que si una historieta de que una vez hizo una obra para orquesta, 7 trompetas, guitarra, 2 actores… (con solo decir esto ya deberíais entender por qué es un rayado de la vida) y dijo que se cagó en la puta del director porque no funcionó en la función un tono de voz específico que él (mi profesor, el compositor de la obra) quería. Se acercó la mujer del director (qué raro que siempre sean directores, ¿no?) después de la función y le dijo que qué pena que no hubiese funcionado el efecto de voz; a lo cual él le respondió que no era una pena: era porque el mendrugo de su marido no se había asegurado de que funcionara para la actuación de la tarde en el ensayo de la mañana y todo lo que pueda pasar mal, pasará mal.

¿Y quién era el más perjudicado? Al fin y al cabo, nadie sabía que había en ese momento un efecto de voz que no sonó. Mi profesor lo dijo claro: el más perjudicado era el compositor, o sea; él. Porque por culpa del intérprete (que el director también es un intérprete, que a veces se le olvida) se podía decidir que el compositor era una basura o el compositor era de puta madre. Y todo acababa en el intérprete y su nivel de fidelidad a la partitura. Y hay muchísimos instrumentistas que no son intérpretes. Yo hablaré de lo que sé: en piano hay un 20% de buenos intérpretes de todos los instrumentistas que hay. Lo malo es que en los conciertos se admira el espectáculo, no la música.

Así que mi profesor acabó diciendo que la gran filosofía oculta en la música techno es: tu grabas el CD que has compuesto en tu casa mediante el ordenador, llegas a la “sala de concierto” y le das al play. Sin intérpretes. Sin cagadas. Sin instrumentistas que dicen ser capaces de tocar el solo o instrumentistas a los que el solo les es impuesto por su director y no son lo suficientemente humildes para reconocer que no son capaces de tocarlo. Sin tener que buscar a nadie que te haga el “favor” de tocar tu composición.

Y esa reflexión que hizo mi profesor me demostró por qué estamos en este mar anárquico musical: por culpa de los que nos llamamos intérpretes que no sabemos hacer la o en un canuto. Así que compositores, vosotros sois los músicos de verdad.