Las 10 canciones más bellas de la Música Clásica

La estética es la disciplina del estudio de lo que es bello. Por lo que son los estetas quienes deciden lo que es bello o no. Desde mi punto de vista, sin ser esteto, propongo las siguiente obras con sus correctas interpretaciones (porque hay mucho antiestético por ahí).

  1. Mahler: Sinfonía n.º 3, movimiento 6 langsam. Por supuesto, el único Mahler que vale la pena escuchar es tan solo de Claudio Abbado. Tal vez esta sea su mejor versión: pero lo mejor está en el 1:35:55. Ese momento traspasa la musical y admirar a toda la sala en silencio es uno de los momentos más preciosos que se podrá habido vivir en la historia de la música.
  2. Mascagni: Cavalleria Rusticana, intermezzo. Georges Prête. Simplemente: donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga. Esta obra pasó a la historia gracias al aparecer en el final de “El Padrino”.
  3. Beethoven: Sifonía n.º 5, movimiento 2. Jarvi. La cuerda de Beethoven es mágica.
  4. Chopin: Preludio op. 28 n.º 4. Argerich, pianista titánica.
  5. Chopin: Estudio op. 10 n.º 3. Cuenta la leyenda que cuando veas una interpretación inmortal en YouTube aparece como sugeridos una versión de Kissin con un traje blanco aún mejor.
  6. Rachmaninov: Danzas Sinfónicas, movimiento 1. Su parte central; cerca del minuto 5. Versión estrenatoria de la obra con el mismísimo Rachmaninov como intérprete; no hay mejor versión.
  7. Rachmaninov: Concierto para Piano n.º 2. No hay mejor versión que esta: el mismo Rachmaninov tocando su concierto para piano. El primer y segundo movimientos son preciosos.
  8. Mahler: Sinfonía n.º 5, movimiento 4 adagietto. Decía Berlioz que no hay nada más bonito que los violonchelos en sección aguda. Esta obra, probablemente, sea la canción más bella que haya escuchado y que cuando muera sonará en mi cabeza.
  9. Ravel: Concierto para piano en sol mayor, movimiento 2. Argerich.
  10. Purcell: El lamento de Dido. El momento más bello y triste del barroco. La caída de semitonos del bajo representa el grandísimo lamento de Dido por su amado Eneas.