RRSS y el prestigio

Si algo podemos decir de mi generación, la del 99, es que estamos influenciados por dos cosas: la “Gran Crisis” -que parece que ya salimos- e Internet. 

He decidido abandonar Facebook. No estoy de acuerdo con el uso que han dado a mis datos personales y conforme avanza la edad me doy cuenta que el no conformarse no es suficiente; si eres cliente de algo y no te gusta, no lo compres. Punto. Uno de mis dos bancos me cobró hace poco una comisión de 2 euros por mantenimiento de cuenta: solución, he sacado todo mi dinero y me lo he llevado al otro banco. Si no te gusta, no lo compres. Punto.

Además, me he dado cuenta que no tiene ningún sentido tener prestigio en las redes sociales: no tiene sentido tener 1234567K de seguidores en Instagram si no puedes subir las fotos que te salen de los huevos. No tiene sentido no poder escribir sobre lo que te gusta, expresarte auténticamente como eres si debes dar esa imagen publicitaria -y falsa- de que eres un micro Dios en lo tuyo. No tiene sentido tener 2 millones de seguidores en Twitter si no puedes expresar libremente lo que piensas por miedo a los haters y futuras represalias.

De verdad, a mí pocas cosas me corrompen la mente. Y, aún digo más; si el dinero no ha podido, ¿va a poder hacerlo el prestigio? Lo admito, lo ha conseguido; te crees el más guay del parque porque 100 followers más en Twitter (y solo Twitter sabe si te leen o se la suda tu puta vida).

Veo en YouTube infinidad de personas mayores que yo (dígase, de 25 años) diciendo que hay que crear una marca personal y que la gente te comprará. Me parto el pecho cuando les veo decir eso con una sonrisa en la boca y se quedan tan anchos. Que hay que emprender y te cuentan los 7 Hábitos de los Jóvenes Emprendedores -donde el primero, curiosamente, es ser de familia rica- y más tonterías que en 1 minuto de material “bueno” te meten 9 de paja y, ale, videaco subido para seguir fomentando aquello que ya predecía Nietzsche: la cultura de las ovejas.

Es gente como Euge Oller, David Cantone… Personas cuyo prestigio nace a partir de “enseñarte” a aumentar el tuyo propio. A mí me parecen vendedores de humo.

¿Que estoy totalmente equivocado? Lee el segundo párrafo de esta entrada. Yo solo te digo que cuanto más conocido eres, menos libre puedes ser. A mí me gustaría ser anónimo.

Estamos en el tiempo de lo políticamente correcto. No te estoy diciendo que seas un maleducado, sino que te mojes. Que digas quién eres, que seas auténtico y no una fachada de publicidad cuidadosamente planeada. Recuerda: desconfía de aquellos que no se posicionan.

Desgraciadamente, estos -y muchos más, por supuesto- son los futuros ídolos contemporáneos de los jóvenes como yo. Y tener como ideal algo falso es como tener un bolígrafo sin tinta. Hazte un favor y sé auténtico. Y, si tienes tiempo, busca a alguien digno de ser idealizado. Te hablo de gente de tu alrededor, no hace falta irte a los grandes estratosféricos históricos como H. Ford, Amancio Ortega, Julio César, Nicolás Maquiavelo, F. W. Nietzsche, Mahler… (cada loco a su tema). Yo a mi alrededor tengo 2 personas (y, aún mejor, profesores) que admiro muy profundamente por cómo son y aspiro a ser como ellos. ¿Tú a qué esperas a encontrar a los tuyos?

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“Facebook no es tu amigo, es un motor de vigilancia.”