Leyendo a los grandes

Hoy he empezado a leer a uno de los grandísimos escritores de la historia; William Shakespeare.

Cómo no, he empezado con, probablemente, su obra más conocida: Romeo y Julietta. Llevo tan solo el primer acto de la obra y me está encantando. Me ha llamado la atención 2 momentos del diálogo de Romeo y Benvolio (el sobrino del padre de Romeo).

Está un Romeo cansado de no ser correspondido cuando declama:

El amor es humo, soplo de suspiros: se esfuma, y es fuego en ojos que aman; refrénalo, y crece como un mar de lágrimas.

Me estoy dando cuenta que Shakespeare era muy lógico; su utilización de los símbolos “ ; , : “ es muy lógica y sencilla. Lo que más me ha chiflado es el principio: el amor es humo. Qué cierto es. Cuando nos enamoramos, no entiendo por qué, tendemos a una idealización de otra persona, algo falso, parecido, pero no verdadero: humo. Genialidad.

Después Benvolio le indica que se fije en otras chicas en el baile de máscaras de esa noche -casi como el típico “un clavo saca otro clavo” de hoy en día-. ¿Y qué responde Romeo? ¿Preparados para una respuesta genial?

Esas máscaras negras que acarician el rostro de las bellas nos traen al recuerdo la belleza que ocultan. Quien ciego ha quedado no olvida el tesoro que sus ojos perdieron. Muéstrame una dama que sea muy bella. ¿Qué hace su hermosura sino recordarme a la que supera su belleza? Enseñarme a olvidar no puedes. Adiós.

Quien ciego ha quedado no olvida el tesoro que sus ojos perdieron. Esa oración es la mejor respuesta posible -y que aún no había escuchado- a un clavo saca otro clavo de hoy en día.

Shakespeare, aún me quedan más noches por conocerte.