Debussy: La Catedral Sumergida

La tonalidad nace a partir de la cadencia

La atonalidad en la música es un tema complejo porque se prejuzga que la atonalidad nace de la nada: y no es así. La atonalidad nace a partir de la tonalidad, aun más; la tonalidad nace de la cadencia.

Vamos a centrarnos en el preludio de Debussy n.º X (primer volúmen): la Catedral Sumergida. Esto es la cadencia (final) del preludio -a modo de curiosidad, Debussy escribió el título de su obra al final de ésta, no al principio-.

Ed. Henle Verlag

La cadencia se produce en los 4 últimos compases; acordes muy extensos con la armonía tradicional de dominante tónica con una mutación en la dominante: se cambia el tercero por el cuarto. Y he aquí el principio de la atonalidad (muy principio): este cambio del tercero al cuarto en la dominante es la clave de toda la composición de la obra. Cambiar esa nota ha hecho que esta obra vaya más allá; se ha desensibilizado. Sí, como se lee, desensibilizar. Y cuando se desensibiliza una tonalidad, ¿qué nos queda? Los modos.

Los modos son la desensibilización de la tonalidad o la tonalidad la sensibilización de los modos. Por ello, esta obra es tan extraordinaria: al eliminar la sensible se elimina la tensión; todo es calma.

Esa es la clave compositiva de la Catedral Sumergida; un preludio profundamente calmado.