Sobre el Don

Vamos a ver, si ahora la sociedad es muchísimo mejor que la de 1750, ¿por qué coño no hay un Mozart nítido y claro al que señalar hoy en día?

Pues yo os lo voy a explicar: porque Mozart era un genio; un genio que mediante un Don Divino supo manejar la música y eso jamás se va a volver a repetir, un emisario de la música de Dios que gracias a su inteligencia innata no volverá a aparecer durante este milenio, ¿no?

Bueno, es discutible. En una ocasión una profesora jubilada vino a escucharme tocar el piano (ella y yo, en mi estudio) el Valle de Obermann de Liszt. Ella, con partitura en mano, empezó a llorar mientras tocaba (¡y eso que no tenía una interpretación perfecta como en un concierto, tocaba sin estar seguro!). Me decía que tenía algo especial al resto, algo único (que claro, al estar ya jubilada pues te sorprende que te diga eso). Yo tan solo pude decirle que:

Todo lo que toco está escrito, no hay misterio

Entonces me di cuenta que lo extraordinario hoy en día era eso: tocar lo que estaba escrito. ¿Que al principio del Valle de Obermann pone Lento? Pues se toca Lento. ¿Que pone animando en una parte? Pues se acelera el tempo. ¿Que hay una escritura a 3 texturas? Pues se diferencian los planos sonoros. ¿Y esto es lo que hace una interpretación extraordinaria? Pues sí.

Ahora bien, ¿es que Mozart era un genio? ¿O Mozart fue un joven muchacho que recibió una educación musical muy estricta de su padre desde que tenía conciencia de edad?

¿Sabéis qué es eso a lo que llamáis Don? Al producto de un trabajo minucioso, riguroso e interminables horas de estudio combinado con un engaño. Sí, un engaño. Los intérpretes engañamos al público haciéndoles creer que esto es una interpretación natural nacida de nuestro corazón cuando, en realidad, es nacida del trabajo duro y necesario. Sí, es magia.

Y, como toda magia, nunca se revela el truco porque si se hace, se pierde.