Mompou: Música Callada

En España, en cuestión compositiva, se divide en 3 geografías. El eje absoluto de la música es, como casi todo, Madrid. El resto de ciudades de España, no importan: somos periféricos, los de las afueras.
No obstante, al puro estilo Astérix y Obélix, toda España estaba ocupada por la influencia de Madrid. ¿Toda? No, puesto que existía una pequeña gran ciudad que resistía las influencias madrileñas: Barcelona.

Barcelona (y, por ende, España) adquirió en el s. XX lo equitativo a París en la Música Clásica con el Modernismo: Barcelona en el s. XX fue la capital de Modernismo. Su máxima figura, la Sagrada Familia de Antonio Guadí, es un exponente de la indudable capital del modernismo en esta época.
De Barcelona surgieron los más importantes compositores del s. XX en España. No es casualidad que un jovencísimo Roberto Gerhard, que toda la vida había soñado con poder estudiar con el maestro Falla, tuviera que emigrar para conseguir un profesor de la misma categoría. Tal vez esta es una de las lecciones históricas más inspiradoras, porque recibió como profesor a nada más y nada menos que al mismísimo Arnold Schönberg. -Sí, efectivamente, el único alumno de Schönberg fue el catalán Roberto Gerhard.-
Este hecho debería ser suficiente para justificar la capital mundial del modernismo en Barcelona, pero es que no tan solo nos quedamos aquí.
En la música española reciente hay 4 compositores que son los 4 reyes de la música española: Albéniz, Granados, Turina y Falla. Tienen algo en común: su profesor fue Pedrell de música nacionalista -el folklore es otra cosa. Turina está más cerca del folklore que Falla. Sin embargo, Falla nunca cogió estrictamente los estilos compositivos del folklore. Más bien, Falla recogió la esencia del folklore (los ritmos) y los unió con el nacionalismo: creando un “nacionalismo folklorista esencial”.
Pero, ¿hay más compositores españoles de este periodo? Sí. Tenemos a José Báguena, valenciano, Joaquín Homs, el alumno de Robert Gerhard, Francisco Llácer, Xavier Montsalvatge, Eduardo Toldrá, Enrique Franco, Luis de Pablo, Cristobal Halffter, Carmelo Bernaola, Ramón Barce, Antón García Abril, Tomás Marco y Federico Mompou.

Voy a detenerme a hablar sobre Federic Mompou porque, dentro de esta serie de grandes compositores españoles, es uno de los más relevantes. Mompou tiene un efecto compositivo parecido a Mozart: en algo muy sencillo no eres consciente de las complejidades que están ocurriendo. Una de sus obras más importantes es Música Callada. “La música callada, la soledad sonora” son los versos del poeta del siglo XVI San Juan de la Cruz que inspiraron a Mompou en la creación de esta obra. Con un total de 28 números y organizados en cuatro cuadernos (escritos entre los años 1959-1967), el compositor barcelonés nos deleita con una sonoridad muy propia. No tan solo la escritura innovadora de ese Angélico nada más empezar.

Mompou: Música Callada. I

Es una obra con sonoridades impresionantes y una calidad armónica y melódica extraordinaria. Hay una versión que no me cabe duda que va a pasar como la interpretación canónica de Música Callada de Mompou por Javier Perianes.
Espero que la disfrutéis.

Debussy: La Catedral Sumergida

La atonalidad en la música es un tema complejo porque se prejuzga que la atonalidad nace de la nada: y no es así. La atonalidad nace a partir de la tonalidad, aun más; la tonalidad nace de la cadencia.

La atonalidad en la música es un tema complejo porque se prejuzga que la atonalidad nace de la nada: y no es así. La atonalidad nace a partir de la tonalidad, aun más; la tonalidad nace de la cadencia.


La tonalidad nace a partir de la cadencia

Vamos a centrarnos en el preludio de Debussy n.º X (primer volúmen): la Catedral Sumergida. Esto es la cadencia (final) del preludio -a modo de curiosidad, Debussy escribió el título de su obra al final de ésta, no al principio-.

Ed. Henle Verlag

La cadencia se produce en los 4 últimos compases; acordes muy extensos con la armonía tradicional de dominante tónica con una mutación en la dominante: se cambia el tercero por el cuarto. Y he aquí el principio de la atonalidad (muy principio): este cambio del tercero al cuarto en la dominante es la clave de toda la composición de la obra. Cambiar esa nota ha hecho que esta obra vaya más allá; se ha desensibilizado. Sí, como se lee, desensibilizar. Y cuando se desensibiliza una tonalidad, ¿qué nos queda? Los modos.

Los modos son la desensibilización de la tonalidad o la tonalidad la sensibilización de los modos. Por ello, esta obra es tan extraordinaria: al eliminar la sensible se elimina la tensión; todo es calma.

Esa es la clave compositiva de la Catedral Sumergida; un preludio profundamente calmado.